ALEXANDER HAMPTON
La habitación estaba sumergida en la luz dorada de la Golden Hour. Lizzy estaba en el balcón, organizando las maletas nuevas, tarareando algo que parecía de Edith Piaf, pero muy desafinado.
Me senté en el sofá y tomé mi celular. Era hora de dar señales de vida.
— Amor, ven. — La llamé. — Vamos a llamar a las chicas. Si nos tardamos un día más, nos van a mandar a la Interpol.
Lizzy dejó las maletas y corrió hacia el sofá, acurrucándose a mi lado.
Inicié la videollamada.
Al prim