DAMIAN WINTER
Salí del club después de que mi padre me despidiera y subí a mi coche.
Deslicé el dedo bajo la solapa del sobre que me había dado y lo abrí. Había un contrato de compromiso ya redactado. Mi nombre y el de Sophie Pósitron aparecían uno al lado del otro, en letras elegantes. El acuerdo parecía más una fusión empresarial que un compromiso sentimental.
«Términos de unión y convivencia», «integración de activos familiares», «proyecciones de valorización patrimonial conjunta», «responsa