Livia permanecía de pie a unos cuantos pasos frente a él, mirando a Damian con una expresión imposible de descifrar. Bajo la tenue luz de las lámparas del jardín, su rostro parecía una mezcla de viejas heridas que habían vuelto a abrirse y la muralla que había levantado deliberadamente alrededor de su corazón.
Por un instante, un destello de compasión cruzó sus ojos al ver al hombre que durante tanto tiempo había sido tan fuerte, ahora de pie con los hombros vencidos y la mirada completamente