Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que siguió era pesado y espeso, presionando hacia abajo sobre la sala hasta que el crepitar de la madera en la chimenea sonaba como huesos rompiéndose. Alejandro estaba congelado en el borde del colchón de terciopelo, los dedos hundidos tan profundamente en las rodillas que los nudillos estaban stark blancos. No parpadeó. No apartó la vista. Los ojos ámbar buscaron la cara, siguien







