(POV de Sofía)
Rodri no se movió. El enorme cuerpo permaneció colocado como un pilar de piedra entre las puertas del solarium y yo, pero los ojos buscaron en la cara frenética con una aguda e intensa intensidad penetrante. Las manos flotaron cerca del cinturón, el cuero crujiendo bajo la presión repentina del agarre.
—¿Qué te hizo? —exigió Rodri, la voz un susurro granular y bajo que apenas se llevaba más allá de los arcos de piedra—. ¿Lady Catalina te amenazó? ¿Te tocó?
—Nada —jadeé, los dedos