Mundo ficciónIniciar sesiónNo entendía el por qué se sentía mal por la dimisión de Héctor, se suponía que era lo que quería, que se apartara de su vida, pero ahora que lo había conseguido se sentía fatal. Las lágrimas no paraban de brotarle de los ojos mientras se aferraba a su almohada, quería gritar y llorar, pero no quería reconocer cuanto necesitaba a su guardaespaldas.
Llamaron a la puerta.
—No quiero ver a nadie —masculló.
—Mi niña, por favor tienes que comer. No sea que vayas a enfermarte







