~COLLE BLACKWOOD~
La tregua empezó mal.
No porque no quisiéramos cumplirla —al menos no yo—, sino porque estar con Harper, a solas, trabajando codo a codo, era infinitamente más difícil de lo que había anticipado.
Caminábamos por el sendero que se abría hacia los corrales del este. El sol ya estaba alto, el aire seco del outback levantando polvo a cada paso. Yo iba unos pasos delante, marcando el ritmo sin darme cuenta, hasta que escuché el sonido irregular detrás de mí y me obligué a frenar.
«Genial, Blackwood. Vas a empezar bien.»
—No tienes que apurarte —dijo ella, con ese tono suyo que siempre bordeaba la burla—. No estoy huyendo.
Me giré para mirarla.
Harper avanzaba con paso firme, apoyándose bien, concentrada, pero con los brazos cruzados y el ceño fruncido como si el solo hecho de estar allí conmigo fuera una ofensa personal.
—No me estoy apurando —respondí, más calmado de lo que me nacía—. Solo estoy acostumbrado a caminar así.
—Claro —replicó—. Porque el rancho está