Viviana
La rutina se volvió un teatro extraño. Juan seguía llevando a Elías a la casa como si fuera su hermano de sangre y resultó siendo su hermano de funda. Entre risas y botellas, llenaban el rancho de energía que ocultaba la tristeza de las paredes.
—¡Salud, compadre! —gritaba Juan, levantando el vaso.
—Salud, hermano —respondía Elías, bebiendo con calma, mientras lanzaba miradas furtivas a Viviana.
Entre Viviana y Elías se encargaban de darle la mayor cantidad de bebida a Juan para que el