Mundo ficciónIniciar sesiónDos semanas después
Estoy sentada en la silla de la isla, no hay nadie en casa, mientras devoro mi pudin, todo es pudín, chocolate, helado y luego pudín.
Voy a buscar una servilleta, cuando un fuerte dolor me atraviesa el vientre.
—¡Ah! —me doblo, suspiro, tratando de tranquilizarme—, ¡maldición!
Como puedo salgo de la cocina.
—¡Mark! ¡Mark! —grito, pero no responde.
Demonios, ahora recuerdo que estoy sola en casa, Mar







