117. Un momento de consuelo
Ravenna
Mis ojos estaban fijos en la puerta, esperando ansiosamente la llegada de Benjamin. La preocupación por Rubí pesaba en mi pecho, y necesitaba más información que la que las enfermeras me habían dado.
Cuando finalmente la puerta se abrió, me sorprendí al ver que no era mi compañero, sino sus padres, y mis ojos se llenaron de lágrimas. Celine se acercó y me abrazó con cariño y afecto. Sus ojos transmitían una mezcla de preocupación y amor maternal.
“Querida, ¿cómo te sientes?”, preguntó c