Samantha se sentía bastante adolorida. Le habían traído de desayunar y de paso algunas pastillas que evitó tomarlas por si dañaba su leche. Dan estuvo casi toda la mañana con ella y la niña, contemplándolas y diciéndole lo felices que serían. Sam no aguantaba más, ya para el almuerzo, Dan le preguntó si quería algo especial. Ella pensó que esa era su oportunidad, le pidió que le trajeran un filete bien grande y suculento. El se puso contento, imaginando que ella finalmente estaba cediendo.
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