Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol de Palamidi entró por la ventana de la cocina como un castigo. No había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba su voz llamándome "Señor Petrova". Ese maldito apellido, que siempre había llevado como un escudo de honor, ayer sonó en su boca como una sentencia de muerte. Me sentía un extraño en mi propia casa, un carcelero q







