Capítulo 58

—¡Vaya! Que entrenamiento tan duro — asiento.

Le había contado como había sido mi entrenamiento y la cara que tenía mi esposo era una poesía. Suelto la carcajada porque la confusión en su rostro era grandisima.

—¿Tu madre siempre se entero? — asiento riendo.

—Casi ahorca a mi padre, pero se alegro que yo pudiera defenderme, más que mis poderes no eran tan favorables, así que aprender a pelear era algo bueno — dije.

Le conté todo lo que había pasado, cada una de las cosas que me habían hecho y t
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