Después de una larga y difícil semana, Melissa finalmente salió del hospital.
El alta médica no era sinónimo de alivio para ella.
Porque aunque su cuerpo estuviera fuera de aquellas frías paredes, su corazón seguía atrapado en la habitación donde Andrew permanecía dormido.
No quería alejarse de él.
Pero el día a día se volvía más complicado. Ir al hospital cada mañana, pasar horas a su lado y luego regresar a casa exhausta solo para repetirlo al día siguiente era agotador.
Pero lo peor de todo