Había perdido la cuenta de los días que llevaba cautiva en ese lugar, desde su perspectiva parecían cientos. La oscuridad seguía envolviéndolo todo: sus noches y también sus días, ya no lograba distinguir entre uno y otro.
«¿Era de día? ¿O acaso la noche había extendido su manto ya?», solía hacerse frecuentemente esa pregunta.
Siempre en un determinado momento del día, alguien aparecía y le dejaba un plato de comida con un poco de agua. Esta comida a veces variaba, algunas veces eran vegetale