El auto se detuvo al llegar al nuevo escondite, y al segundo siguiente, Luke sacó a Arlet del interior de manera brusca. Kenia también bajó, al detallar en el rostro del hombre y en la manera en que agarraba el brazo de la niña. Se veía furioso.
La mirada de ambos se encontró en un duelo, que no parecía tener ningún perdedor, puesto que los dos se veían con el mismo odio.
—¡Suélteme!—rugió la jovencita con valentía.
El hombre arrugó la nariz, rabioso, y la apretó más, lo pudo notar en la col