Un encuentro sin duda digno de pesadillas, sin embargo, lo que hicimos fue reírnos sin parar mientras volvíamos a nuestros toldos, donde encontramos a Engel y Sandra durmiendo, menos mal que se iban a encargar de custodiar las cosas, los miramos detalladamente de arriba abajo y nos acercamos con los teléfonos, poniéndoles canciones a alto volumen para despertarlos.
—¡Quien viene! —Exclamó el varón colocándose de pie rápidamente.
—Ustedes están hechos unos auténticos salvadores guardias de segur