Salvador había despertado y lo primero que vió al abrir sus ojos fue a su amiga. Él la estaba abrazando. La soltó con cuidado y se levantó rogando que ella no hubiese sentido su erección matutina. Lo que menos deseaba era que ella creyera que era un pervertido, por algo que no podía controlar y que sucedía durmiera solo o no.
Cuando él salió del baño después de asearse observó que Audrey se había destapado. Miró sus piernas descubiertas y como ella dormía tranquilamente con un boxer de dama pu