Damian ya estaba despierto. Ver a Livia abrazándolo con tanta fuerza hizo que su corazón se acelerara de alegría. Ella seguía siendo la misma: todo lo que hacía por iniciativa propia siempre lo llenaba de felicidad. Se sentía amado de una manera que superaba con creces todo lo que él le había dado.
Después de ducharse y secarse el cabello, llamó a Brown. No pasó mucho tiempo antes de que el asistente entrara, llevando un vaso de jugo fresco y un plato de frutas cortadas.
—Siéntate. Tráeme lo qu