—¡Noah!
Esa voz… tan familiar que hizo que Livia se quedara helada.
Una mano cayó sobre su hombro. No necesitaba darse la vuelta para saber de quién era. Damian.
Aunque el sobresalto la paralizó, no pudo moverse. Su mano la sujetaba con firmeza, con posesión.
El tintinear de la cuchara contra el plato rompió la tensión.
—¿Por qué siempre estás tan interesado en mi mujer? —dijo Damian con una calma demasiado fingida, mientras se inclinaba y besaba a Livia en la mejilla.
Ahora sus mejillas estaba