Esa mañana, el clima soleado no podía competir con el entusiasmo de Livia.
Prácticamente brillaba, con la energía varios niveles por encima de lo normal. ¿Cómo no iba a estarlo? Después de una semana, finalmente volvía a su rutina habitual, y no podía estar más feliz.
Sentada en el coche, recorriendo la ciudad con tranquilidad, Livia se sentía libre, renovada. En el asiento del frente, Leela—su siempre alegre conductora—estaba en su habitual estado burbujeante, iluminando el ambiente con facili