SOFIA
La decisión no fue dramática. No hubo una discusión a gritos, ni una conversación final llena de lágrimas, ni una declaración grandilocuente de que necesitaba espacio.
Simplemente dejé de ir. Y, de alguna manera, ese retiro pasivo dolió infinitamente más que cualquier pelea.
La mañana después de nuestra acalorada discusión en la oficina, falté intencionadamente a la reunión informativa diaria sobre estrategia. Por primera vez en meses, no estuve presente. No di excusas, no envié explicaci