Bruno se dirigió a casa de Gío, quería de vuelta a su mujer y a su hijo, lo recibieron con tal frialdad que pensó que estaba ante unos bloques de hielo, Rina y Gío lo observaban molestos.
—Sí vas a tratar mal a nuestra hija, ¿para que la buscas?
—La amo. —Dijo agachando la cabeza, se sentía avergonzado por su comportamiento.
—¿Estás seguro? Porque si no lo estás, será mejor que te vayas, tus inseguridades hacen sufrir a nuestra hija.
—Necesito hablar con ella, pedirle que me perdone.
—Será la ú