Nikolay
—Suéltame Nikolay, ¡Suéltame!
Mis ojos se abren ante los gritos furiosos de la mujer que se atrevió a drogarme y atarme a su cama. Parpadeo varias veces mientras el frío de la noche se hace más notable ahora que el sol no está sobre nosotros.
Los rastros del éxtasis siguen dejando mi garganta seca, pero eso es algo sin importancia ahora mismo. Camino aun tambaleándome hasta la puerta de la habitación y los ojos furiosos de Nelly se clavan en los míos.
—¡Ven aquí y desátame ahora mismo!