59. En la oscuridad
Adrian acababa de llegar a su casa y no había parado de pensar desde que salió del hogar de sus padres en si aquel tipo estaba enamorando a Lorena, le calcomian lo celos y aun más cuando vio que le tomó la mano, quien le daba derecho a tomarse tales libertades, había tenido deseos de partirle la cara en ese instante aunque sabía que no tenía derecho a reclamarle nada aún cuando toda su familia sabía que su estado civil era solo un papel.
—La cena fue de lo más incómoda, ¿no te parece?—, le dijo