Mundo ficciónIniciar sesiónLa paciencia no era infinita, tenía un límite y la de Sam ya había llegado al suyo.
—¡Ay ya cállate de una vez! —le gritó a Vlad, levantándose—. Ya has hablado lo suficiente y sólo has dicho estupideces. Ahora será mi turno de hablar y pobre de ti si me interrumpes.
Sam entró a la mansión y Vlad no tardó en ir tras ella. En el despacho podrían tener privacidad así que subió las escaleras. Iba en las del segundo piso cuando rec







