—Maldito hijo de perra —es lo primero que dice Lund quitando sus labios de los míos, cosa que agradezco —, se salió con la suya y sé que no se quedará tranquilo hasta hacernos pagar por todo. Tengo que ponerte seguridad, tengo que protegerte a ti, a la DOE, porque estoy seguro que vendrá, ese mal nacido regresará —. Frota su cabello y su frustración me hace actuar de manera hipócrita cuando lo abrazo y lo consuelo como si de un niño pequeño se tratara.
—Todo estará bien —le aseguro aun cuando s