El corazón de Monalisa latía con fuerza contra sus costillas mientras la voz de Natalia resonaba por la silenciosa mansión.
—¿Damien? Cariño, ¿estás en casa? Traje esos documentos que me pediste.
Un fuerte golpe sonó en la puerta del dormitorio.
La mano de Damien voló a la boca de Monalisa, silenciándola antes de que pudiera emitir un sonido. Sus ojos dorados estaban muy abiertos en advertencia mientras la miraba hacia abajo. Todavía estaban enredados, desnudos, su polla todavía medio dura y en