Eso bastaba para confirmer que lo había escuchado todo.
Valeria, débil, bajó la voz:
—Perdón, solo estaba...lo que antes fue solo un impulse…
Eduardo sonrió levemente.
—Sí, lo sé.
No era fácil sacar el tema. Valeria le dijo:
—Si tienes trabajo, puedes irte. Aquí hay quien me cuide.
Tenía trabajo, pero ya estando ahí se iba a quedar.
Pronto llegó Vicente acompañado de sus guardaespaldas, con un montón de vitaminas y remedios.
—Tenemos otros asuntos que atender. Te voy a dejar dos guardaespaldas.