—Paura me comentó por casualidad dónde vives —explicó Mónica con una sonrisa—. Como me queda de paso, si quieres, te llevo a casa.
Tomar el metro era realmente incómodo, y los taxis resultaban algo caros.
Eva estaba acostumbrada a ser ahorrativa en su día a día, pero también sabía muy bien que ningún favor era realmente gratuito.
—Además, así puedo preguntarte qué te gusta comer —continuó Mónica mientras caminaban hacia las escaleras—. Mañana le pediré al restaurante que prepare todo con antici