Valeria se levantó.
—Hay algo que quiero que veas.
Se alejó.
La mirada de Eduardo se posó en su espalda despreocupada, y la siguió.
Vicente no dijo una sola palabra durante todo el tiempo. Solo levantó su copa y la hizo chocar suavemente con la de Mónica.
Mónica se sorprendió un instante, luego sonrió.
—Salud, Vicente.
Pequeño balcón.
Valeria sentía la brisa, pero no le parecía fría.
Su cabello largo se movía levemente con el viento. Eduardo se acercó, más alto que ella por media cabeza, y tam