La música caribeña y la explosión de colores y flores no era algo a lo que estaba acostumbrado, no recordaba cuándo fue la última vez que se sentó en uno de los altos taburetes de la barra de cócteles que le daba un aspecto inocente al Coderex.
La mayoría vestidos con ropa de playa, pantalones cortos o faldas, un ambiente que se le hacía tan extraño al ver sobre ellos el cartel con el nombre del local. La gente cantaba y bebía, todos tan animados por el frescor agradable de la brisa marina