Sus enfados solían ser muy esporádicos, quemaba todo a su paso pero tras unos minutos, volvía a estar tranquila, se consideraba la viva definición de la calma luego de la tormenta. Eso ahora, no le pasaba.
Los minutos pasaban y seguía esperando a su madre, y al contrario de lo que pensaba, su cabreo no disminuía, estaba como un volcán acumulando la lava hasta que cediese el cráter. Había tratado de calmarse, incluso se controló citando a su madre en un sitio público, solo para que la presió