Su corazón bombeaba acelerado, sus oídos apenas y percibían el ruido del exterior y sus manos comenzaban a sudar.
Bianca miró la distancia que la separaba del suelo y casi comenzó a gritar de miedo.
—No mires hacia abajo —dijo Valentino a su lado. La advertencia llegaba tarde.
—Esta fue una mala idea —musitó con voz ahogada. En que había estado pensando cuando decidió hacer eso.
—No me dijiste que le tenías miedo a las alturas —comentó Valentino.
Lo miró para tratar de distraerse. Él pare