Al abrir los ojos, Bianca se encontró con una imagen perfecta. Intentó capturar cada detalle para poder plasmarla más tarde en un cuadro.
Valentino estaba sentado sobre el sofá de la habitación y en sus brazos descansaba su hijo, él lo miraba con tanto amor y devoción. Una sonrisa enorme adornaba su rostro.
Bianca también sonrió al recordar las últimas veinticuatro horas. Todo había sido una locura. Primero había roto fuente a media noche, después había despertado a Valentino para contárselo.