Los comentarios en internet se multiplicaron por cientos hasta volverse tendencia.
Al verlos, empecé a temblar de rabia. Así que eso había pasado. Mi pobre Samuel, cuánto debió sufrir, tuvo que ir dos veces a comprar antes de encontrarse con ese miserable enfermo.
¡Alejandro, mereces la muerte!
Con los ojos enrojecidos, le ordené a mi abogado presentar la debida demanda y publiqué un extenso post en redes sociales.
Expuse todo: cómo Alejandro y Viviana, durante sus frecuentes encuentros, causaro