—A mí me encantas tú. —Despega sus labios y vuelve al cuello de ella—. Me encanta tu piel. —Hace un camino de besos desde su cuello hasta su oído—. Me encanta tu aroma, tu personalidad, tu cabello, tu físico, hasta cuándo lloras me encantas, pero por el hecho de que me estás demostrando todas tus caras y me aseguraré de que siempre estés feliz. —Muerde el lóbulo de su oreja.
—Quiero hacerlo. —Se muerde el labio y él le planta un beso en la mejilla.
—¿Hacer qué? —Nuevamente no comprende.
—Hacer