- ¿tres horas mirándole la cara a este imbécil? - pensó Julián, con un gesto de molestia evidente.
Se dispuso a caminar y jamás se distanció de Lía, observando en todo momento que entre ellos no ubiese contacto visual que fuese inusual, lo que lía notó de inmediato, avanzando más de prisa y dejando a Julián atrás con sus celos sin sentido.
El tiempo parecía eterno y caminaban sin llegar a ningún lugar específico, eran más y más árboles rodeados de un bosque denso, sin duda, cualquier inexperto