Lía estaba emocionada, el gra día había llegado, un momento con el que había soñado muchísimas veces al lado de Julián, no tenían ni una duda que ese era el hombre que deseaba amar por el resto de su vida.
Don oracio ponían su mano sobre el hombro de lis, en un gesto con el cual intentaba transmitirle calma, talves al verla perdida en sus pensamientos, moviendo repetidamente su pierna y sujetando algo en su mano derecha.
Lía llegó del brazo de don Oracio, con gran emoción en su rostro, subiendo