Capítulo – Bajo el Acero y la Piel
El cielo de Bellavista amanecía pálido, apenas tibio por la noche que había quedado atrás. Frente a la casa de los Montes, la camioneta de Nicolás esperaba con el motor encendido, empañando apenas los cristales por dentro. Desde la calle, la escena parecía detenida en el tiempo: abrazos apretados, ojos húmedos, sonrisas contenidas. El aire estaba cargado de pan tostado, café recién hecho y despedida.
—Entonces… ¿el 24, dijiste? —preguntó Edinson, con los br