Era una sofocante noche de verano cuando conocí por primera vez al hijo del Presidente. Me habían citado a su lujoso ático, en lo alto de un rascacielos brillante de Miami.
En el momento en que salí del ascensor, un hombre alto y apuesto de rasgos esculpidos y ojos azules penetrantes me recibió con una sonrisa encantadora.
—Felicia, qué agradable conocerte por fin en persona —purró, guiándome dentro del opulento apartamento—. Soy James, por cierto. Aunque sospecho que ya lo sabes.
Sonreí de lad