Era una tarde fría y sombría cuando atravesé las pesadas puertas de madera; el crujido ominoso resonó por la cámara cavernosa. El aire pesaba con el olor almizclado de cuero, sudor y algo más primitivo.
Había llegado al Calabozo de los Deseos, un club BDSM clandestino escondido en el corazón de la ciudad, donde solo las almas más depravadas y perversas se atrevían a pisar.
Mientras ajustaba mi máscara negra, no pude evitar sentir una emoción de anticipación corriendo por mis venas. La iluminaci