La lección apenas había terminado cuando oí el débil sonido de tacones contra el suelo de mármol. Unos segundos después, la señorita Evelyn apareció en la puerta, su presencia llenando el estudio sin esfuerzo.
Se apoyó contra el marco, con los brazos cruzados.
—Veo que alguien por fin está progresando —dijo, sus ojos pasando de los apuntes de Freya a mí.
Freya puso los ojos en blanco.
—No suenes tan sorprendida, mamá. No soy un completo desastre.
La señorita Evelyn rio suavemente.
—Nunca