La presioné con más fuerza contra el tocador, su cuerpo mojado temblando bajo mi agarre. Saqué mis dedos lo justo para alinearme y luego clavé mi polla en ella desde atrás.
Gritó al instante, sus manos golpeando la madera en busca de apoyo, las piernas temblando mientras la embestía con fuerza y rapidez.
—¡Ah, joder! ¡Oh dios! —gritó, su espalda arqueándose mientras mi polla se enterraba profundamente en su apretado coño.
Cada embestida era brutal, castigadora, implacable. La sujeté por la cint