El champán burbujeaba cálido en mis venas, aflojando los bordes de mi furia mientras Damon y yo trabajábamos a través de la montaña de regalos de boda; el salón de la mansión un campo de batalla de papel de regalo rasgado y tesoros a medio desempaquetar.
La medianoche había llegado y pasado; el tañido del reloj tragado por el crujido del papel de seda y el tintineo del cristal; la ausencia de David estirándose más de lo que su excusa de reunión debería permitir.
Habíamos caído en un ritmo incóm