“So…” dijo ella, casi cantando, “¿vamos a… seguir haciendo esa cosa de la que hablamos?”
Me hice la tonta durante dos segundos como si no estuviera deseando lo mismo. “¿Qué cosa?”
Sus labios se curvaron en una sonrisa perversa. “Ya sabes… el sesenta y nueve”.
Se me tensó el estómago, una oleada de calor se extendió abajo. “De verdad no lo vas a dejar pasar, ¿eh?”
Ella negó con la cabeza, sonriendo. “Nop. Lo prometiste”.
Miré hacia adelante, fingiendo estar calmada, aunque mis dedos picaban por