Silencio.
Nadie dijo ni dijo ni hizo ningún movimiento. Mi polla palpitante seguía empalada en su agujero apretado.
—Karen es más de los que dimos cuenta de lo que pensamos— me apartó para un beso.
—¿Qué vamos a hacer al respecto?— Rompí el beso, señalando el zinc de cerámica roto.
Sonrió, —No deberías preocuparte por eso. Nadie lo creería si la verdad saliera a la luz.
Luego retomamos, despacio, al principio follando todo el camino hasta que me vi obligado a retirar mi polla cuando la leche sa