Al llegar a casa, corrí al baño, me quité la chaqueta que me había dado Finn y abrí la ducha.
Toda la imagen de cómo Ben me había tocado seguía presente.
Me froté con una esponja gruesa, pero no pude borrar los gemidos que Ben me había provocado.
Me había excitado, y contra todo pronóstico, había disfrutado muchísimo de la forma en que me hacía el amor.
¿Hacerme el amor?
Eso no era hacer el amor.
Eso era tomar mi cuerpo a la fuerza, y Finn había disfrutado cada instante.
De hecho, mientras me d