Mis ojos se agrandaron al sentir la cuerda apretarse alrededor de mi cuello. Frenéticamente, busqué el cuchillo que había recuperado de detrás de mi espejo y lo guardé en el bolsillo lateral de mis pantalones. Mis dedos lo cerraron justo a tiempo a pesar del dolor punzante que recorría mi cuello. Con una oleada de adrenalina, logré cortar la cuerda, sintiéndola ceder bajo mí.
Caí al suelo, mis huesos crujieron al impactar. Un dolor punzante atravesó mi muñeca mientras luchaba por recuperar el a