Cuando ella atravesó esas puertas, me llamó la atención. Piel bronceada, curvas llenas, un cabello exuberante que la acompañaba. Sonreí para mí mismo. Estaba acostumbrado a ver mujeres bonitas en el bar Lacrosse. Así que me vi obligado a apartar mis ojos de su cuerpo.
Llevaba una chaqueta de mezclilla sobre un vestido corto blanco que se ceñía a su silueta perfecta. Sus pezones con piercings sobresalían a través del vestido, y aun así no le importaban las miradas que se posaban sobre ella. Era